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Vivimos en un mundo donde el sol brilla a diario,
un mundo donde los paisajes presentan su luz.
Una luz que enfatiza nuestras vidas,
y nos acredita historias de amor.
En cambio seguimos soñando,
en un mundo distinto,
una nueva vida, con diferentes formas,
colores y olores, y con mucho más sabor.
Los sueños nos desplazan por un cielo azul brillante,
a tierras sin guerras, a bosques sin dueños,
a politicos y jueces sin trampas,
a mares sin petróleos, sin balleneros y sin armas.
Pero el despertar de los sueños que la noche nos trae,
nos desciende a la rabia contenida,
al dolor desmesurado,
y a tristezas palpantes y perdurables.
¡Deseo tantas veces no despertarme!,
necesito creer que el mundo tal como es,
es para siempre un espacio ideal,
donde los humanos podemos fulgurar.
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